“Soy una mujer chilena como cualquier otra, que el ámbito de mi quehacer ha estado centrado fuera de la política; en mi familia, en mi profesión y en la realización de mi vocación social.

He acompañado a mi marido durante cuarenta años de mi vida, compartiendo su pensamiento y haciendo míos sus ideales, y continuaré entregando lo mejor de mí, sin pretensiones, solamente en los campos que me son propios.

Es por eso que no he aspirado a ser la Primera Dama de la Nación. Hay muchas mujeres que pudieran serlo; en el arte, en la ciencia, en el deporte, en la literatura, y las más, en el trabajo silencioso y abnegado, sin brillo ni figuración, para su familia y para su patria.

Quisiera expresar hoy mi fe en la creación de una patria solidaria, viviendo un tiempo de esperanza en el mundo. Tengo fe en que el futuro de este país será el de un país reconciliado; para ello es necesario que cada uno de nosotros pongamos nuestro esfuerzo y nuestra consecuencia con la verdad y la justicia.”

Santiago, marzo de 1990

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