El presidente de la Fundación Patricio Aylwin, Miguel Aylwin, visitó hace unos días a Andrés Domínguez, destacado jurista, sociólogo y profesor chileno dedicado a la defensa y promoción de los derechos humanos en Chile y Latinoamérica, y primer secretario ejecutivo de la Corporación Nacional de Reparación y Reconciliación, creada por el presidente Aylwin para coordinar, ejecutar y promover las acciones necesarias para el cumplimiento de las recomendaciones contenidas en el Informe Rettig.

La conversación estuvo centrada en los años de la recuperación democrática. Con emoción, Domínguez recordó su participación en la organización del acto “Así me gusta Chile”, realizado el 12 de marzo de 1990 en el Estadio Nacional, donde más de 80.000 personas se congregaron para celebrar el retorno a la democracia.

Destacó que en dicho acto tuvieron una participación destacada los familiares de detenidos desaparecidos y de ejecutados políticos. “Fue un espectáculo de profundo sentido humano y excelente calidad artística que conmovió no solo a la multitud reunida y a los  representantes de las naciones amigas, sino también a los millones de chilenos que lo observaron por televisión”, agregando que aún resuenan en su memoria las decididas palabras que Aylwin: ‘nunca más, nunca más atropellos a la dignidad de las personas’.”

Fue en este mismo acto que una pequeña niña, tomada de la mano de su madre, caminó por la cancha del Estadio Nacional hacia donde estaba el recién asumido presidente Patricio Aylwin, haciéndole entrega de una caja con un sello lacrado.

Domínguez recuerda que esa niña era su hija Andrea y que la caja que entregara al presidente Aylwin tenía un su interior una estampilla conmemorativa y una serie de elementos como espigas, hojas de boldos, maíz, un volantín, un espejo y un poema, todos símbolos del reencuentro de los chilenos con la tierra patria.

En una visita realizada a la sede de la Fundación, Andrea recordó ese momento, calificándolo como una de las “vivencias más significativas de mi infancia”. Abogada y docente de la Universidad de Chile, agregó que la oficina museo era “una verdadera cápsula de tiempo que nos permite conectarnos con uno de los momentos más álgidos de la historia reciente de Chile”.