LA EXPERIENCIA POLÍTICA DE LA
UNIDAD POPULAR

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La experiencia política de la Unidad Popular / De las palabras a los hechos

Entre la guerra civil y la solución concertada

 

Las FF.AA. vuelven a estar en el debate público

Tras las elecciones parlamentarias empezaron a percibirse importantes tensiones al interior de las Fuerzas Armadas. Primero estuvo la reunión que el 11 de abril sostuvo el ministro de Educación Jorge Tapia con un importante número de oficiales, en la cual hubo intervenciones claramente políticas de miembros del Ejército y de la Armada. Luego, la campaña pública que por esos días comenzaría en contra del general Prats, acusándolo de estar plegado a la UP o que era utilizado por ésta. Sus líderes eran los sectores más ultraderechistas y especialmente su prensa.

Por último, un tercer hecho ocurrió el 28 de mayo, cuando la directiva del Cuerpo de Generales y Almirantes en retiro envió una carta al presidente de la República en la que refería los hechos que, a juicio de sus autores, estaban influyendo de manera manifiesta en la seguridad nacional. La carta finalizaba incitando especialmente a los que han llevado, alguna vez, el uniforme de la patria a no tener una actitud contemplativa frente a los acontecimientos de Chile.

El 4 de junio Allende respondió sin contestar los cargos que se le hacían, expuso su versión de la realidad nacional y reiteró la naturaleza y funciones de los institutos militares establecida por la Constitución. La respuesta del Cuerpo de Generales y Almirantes en retiro fue una declaración en que lamentaron las diferencias de apreciación de la situación que vivía el país y advirtieron que la opinión pública sería finalmente quien juzgue para reconocer el lado de la verdad”.

Interpeladas en alguna forma por el presidente de la República, las Fuerzas Armadas se restaron de este debate epistolar. El Senado en cambio, sesionó el 14 de junio para analizar en profundidad el papel de los institutos militares en el acontecer nacional, oportunidad en que intervinieron Juan de Dios Carmona y Benjamín Prado a nombre del PDC, y Sergio Onofre Jarpa y Víctor García en representación del Partido Nacional. Los discursos de cada uno, aunque distintos en el tono y énfasis en los argumentos, manifestaban su adhesión a los conceptos emitidos por los almirantes y generales en retiro. [Diario de sesiones del Senado, sesión n°13, 14 de junio de 1973]

Era de particular preocupación del PDC las intenciones del presidente Allende de volver a formar un gabinete cívico-militar. El partido no estaba dispuesto a conceder nuevas facultades al Ejecutivo, pero sí consideraba que el ingreso de las Fuerzas Armadas al gobierno posibilitaba una salida a la crisis, siempre que su incorporación estuviese destinada a asegurar la plena vigencia del Estado institucional y rectificar de manera sustancial la política económica.

Conocida la disposición del PDC de alcanzar un entendimiento con el presidente Allende, hubo encuentros, todos ellos informales y privados, con personeros del gobierno, incluso con participación de altos mandos militares, aumentando los rumores de nombramiento de un nuevo gabinete cívico-militar. El 24 de junio Carlos Altamirano hizo un llamado a las FF.AA. expresándoles que su deber era prestar su apoyo al régimen constitucional e incorporarse al proceso de la revolución.

En respuesta, el PDC reiteró sus criterios: las Fuerzas Armadas son garantía para todos los chilenos y no deben ser arrastradas al debate político, ni menos usadas por un sector u otro para sacar provecho partidista. Su incorporación al gobierno debe asegurar la plena vigencia del Estado institucional y rectificar de manera sustancial la política económica.

 

El “Tanquetazo”

 

En este clima de alta efervescencia social y presiones a las Fuerzas Armadas, el general Carlos Prats se vio envuelto en un confuso incidente. El 27 de junio, mientras se trasladaba en su vehículo por la avenida Costanera, una mujer que conducía su automóvil, le hizo un gesto ofensivo cuando le adelantó. En una reacción espontánea, el general pensó que podría tratarse de un atentado y disparó su arma contra los neumáticos del vehículo.

Para el general Prats, lo sucedido había tenido que ver con el acoso de los medios de comunicación social. Pero el gobierno adujo que el “incidente Prats” había sido un “hecho atentatorio frustrado” que formaba parte de una escalada en contra de las Fuerzas Armadas puesta en marcha por los sectores de derecha, razón por la cual decretó zona de emergencia para Santiago, lo que más bien parecía otro intento de coartar las libertades y obtener una ventaja propagandística contra la oposición.

Pero los hechos no se detuvieron ahí. El 29 de junio, cerca de las 9 de la mañana, seis tanques, diez vehículos y cerca de ochenta soldados del Batallón Blindado N°2 se movilizaron hacia el centro de Santiago intentando apoderarse del Palacio de La Moneda y el Ministerio de Defensa.

Al tener conocimiento del motín, el presidente Allende llamó al pueblo a estar alerta, salir a las calles y si llegaba la hora, recibiría armas. Poco después hizo otro llamado, esta vez a mantener la calma.

Cerca del mediodía, el general Prats y el jefe de Plaza de la Guarnición de Santiago, general Augusto Pinochet, sofocaron el movimiento. Hubo un saldo de siete muertos y nueve heridos. Los implicados en el intento sedicioso habían sido detenidos por las fuerzas leales al gobierno, mientras que los directivos del Frente Nacionalista Patria y Libertad que estaban vinculados a él, se asilaron en la embajada de Ecuador. Y en otras sedes diplomáticas se asilaron otros dirigentes ultraderechistas, como también militares comprometidos en el motín. A todos se les concedió asilo y abandonaron el territorio nacional.

El mismo día del “Tanquetazo”, cerca de las 11 horas, el PDC declaró su adhesión al sistema institucional chileno y repudio a cualquier golpe de Estado. Por su parte, la comisión política del Partido Nacional, sin condenar el amotinamiento, advirtió que no otorgaría mayores facultades al gobierno, por haberse abocado en la ilegitimidad y no merecer el más elemental grado de confianza, aún para el ejercicio de sus facultades ordinarias.

El presidente Allende insistió en solicitar al Congreso la autorización para declarar el estado de sitio en las provincias de Santiago y San Antonio, lo que el 2 de julio fue rechazado por la Cámara por 81 votos contra 52. Votaron a favor los parlamentarios de la UP y en contra los de la DC, PIR, PN, y DR.

«La situación política. Declaración del PDC frente al proyecto de estado de sitio pedido por el gobierno», 29 de junio de 1973

Contradiciendo los argumentos en pro del estado de sitio esgrimidos por las autoridades, la UP y la CUT, el 4 de julio el gobierno derogó la zona de emergencia, lo que venía a justificar el razonamiento de la oposición de que no era necesario el estado de sitio. La Secretaría General de Gobierno señaló que la situación producida el 29 de junio estaba “normalizada”.

 

Aún es tiempo

El 2 de julio el Presidente Allende nuevamente expresó a los comandantes en Jefe su deseo de formar un gabinete con participación de las Fuerzas Armadas. La respuesta de los militares fue que no estaban dadas las condiciones adecuadas para su participación, debido que el gobierno no se hallaba dispuesto a normalizar sus relaciones con los otros poderes del Estado, y ellos, en ese escenario, no podían comprometerse incondicionalmente en tareas del gobierno.

Frente a la negativa, el 3 de julio Allende anunció el nombramiento de un gabinete donde no habría militares. Dos días después, se realizó la ceremonia de juramento del nuevo gabinete ministerial, cuya misión sería implementar un “Plan de Emergencia” que contenía 16 puntos destinados, en su conjunto, a asegurar el orden público, incentivar la producción y permitir el abastecimiento.

La opinión del PDC sobre el nuevo escenario fue dada a conocer a través de dos declaraciones, ambas publicadas el 6 de julio. La primera, incluía a todos los partidos de oposición con escaños en el Congreso solicitando una sesión especial para “restablecer la legalidad”, en especial respecto al cumplimiento de la ley de control de armas. La segunda era una declaración manifestando que la misión del nuevo Ministerio era restablecer de manera inmediata la normalidad democrática quebrantada. En particular, hacía referencia a la instauración “de hecho” del “poder popular” y al “Plan de Emergencia” anunciado por Allende.

También en esta declaración el PDC reiteró los requisitos que consideraba ineludibles e impostergables para restablecer la vigencia del régimen institucional.

Declaración «La mayoría parlamentaria frente a la quiebra de la institucionalidad», 6 de julio de 1973

«Declaración del PDC emplazando al gobierno a cumplir con la ley», 6 de junio de 1973

El mismo 6 de julio, Patricio Aylwin escribió una carta privada a su amigo Carlos Briones, recién nombrado ministro del Interior. En ella le señalaba que el gobierno había colocado al país al borde del abismo, que Chile había sido dividido en bandos irreconciliables, donde la moral cívica había sido degradada a extremos inconcebibles y la racionalidad democrática casi no contaba ante la fuerza bruta, pero que cualesquiera que fueran las diferencias ideológicas, el PDC, desde su claro e inequívoco sitial de oposición, entendía la cuota de responsabilidad que le correspondía en salvar a Chile de lo peor y estaba dispuesto a asumirla.

Carta de Patricio Aylwin a Carlos Briones, ministro del Interior, sobre la responsabilidad que tiene frente a su nombramiento, 6 de julio de 1973

Pocos días después, el ministro del Interior señalaba al país su disponibilidad a dialogar para buscar soluciones en diversos temas, pero omitió referirse al problema de los grupos armados y la distribución de armas, cuestión que para el PDC era condición esencial para sentarse a dialogar.

Como presidente del principal partido político chileno, y desde su definido sitial de oposición, el 11 de julio Patricio Aylwin pronunció en el Senado un discurso titulado “Aún es tiempo”. Luego de dar cuenta de la “crisis integral” que vivía el país, señaló que la responsabilidad de hacer posibles las condiciones básicas para el diálogo democrático pesaban sobre el gobierno, si realmente quería salvar la institucionalidad. Y que, si lo hacía, la Democracia Cristiana no se negaría, ni sacrificaría el bien superior de Chile a ninguna clase de intereses partidistas. Por el contrario, si el gobierno no lo hacía, en él recaería la responsabilidad histórica de lo que pudiese ocurrir.

«Intervención del senador Patricio Aylwin Azócar, presidente nacional del PDC», 11 de julio de 1973 

El gobierno calificó de insolente el emplazamiento hecho por el senador Aylwin, mientras que el senador Altamirano, advirtió que el único diálogo que impulsaría sería a nivel de la masa, misma que estaba en condiciones de incendiar y detonar el país.

Recorte de prensa «Aylwin hizo suya la tesis de Jarpa para rechazar el diálogo», 13 de julio de 1973 

 

“La paz en Chile tiene un precio”

En mayo de 1973, Allende había buscado por primera vez la intermediación del cardenal Raúl Silva Henríquez para intentar un acercamiento directo con la Democracia Cristiana y, en especial, con su sector más opositor al gobierno. Para el mandatario, el cardenal representaba un “testigo moral”, respetable para los dos bandos, cuya relación de amistad e influencia con algunos dirigentes del PDC podía facilitar un acercamiento sin que pareciese una capitulación de su parte.

Explícitamente Allende le pidió al cardenal interceder para poder reunirse de manera privada con Eduardo Frei, pero este advirtió al prelado que creía “inútil” reunirse con Allende. Una conversación parecida, y con resultados similares, tuvo Frei con el general Prats.        

En medio de estos intentos por lograr un acercamiento, el lunes 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, el Comité Permanente del Episcopado, presidido por el cardenal Silva Henríquez, exhortó al pueblo de Chile a evitar la lucha armada, propiciando la paz entre los chilenos.

Discurso exhortación «La paz en Chile», 16 de julio de 1973

Tras reunirse con el cardenal, el 18 de julio el PDC hizo una declaración en la que aceptaba ir a un diálogo racional y democrático, con los caracteres de seriedad, respeto mutuo, igualdad y ausencia de ilícitas presiones para que sea fructífero.

Declaración «La paz civil pasa por el desarme», 23 de julio de 1973 

El 25 de julio, en un acto convocado por la CUT, el presidente planteó públicamente que el diálogo era necesario para evitar la guerra civil y señaló a continuación las que a su juicio eran las “grande líneas” que debían ser abordadas en esta instancia, dejando claro que, aun cuando estimaba “necesario” el diálogo, no estaría disponible para cambiar su programa de gobierno.

Todos estos hechos suscitaron múltiples reacciones entre los dirigentes políticos del país. La derecha, a través del líder del Partido Nacional, Sergio Onofre Jarpa, afirmó que suscribía todo llamado a la paz y estabilidad del país, pero algunos nacionales y líderes de los gremios patronales advirtieron que ir al diálogo era hacerse cómplice de los atropellos y abusos cometidos por el gobierno ilegítimo. El Partido Comunista, la Izquierda Cristiana, el Partido Radical y el MAPU Obrero Campesino se manifestaron a favor del diálogo. El “polo izquierdista”, conformado por los sectores más polarizados del PS, el MAPU Garretón y el MIR lo rechazó.

Siguiendo los consejos del cardenal, el 26 de julio Allende invitó al presidente del PDC, Patricio Aylwin, a “un diálogo abierto y claro, para buscar las convergencias y coincidencias que existen y que permitirán continuar realizando las transformaciones que el interés de Chile y su pueblo requieren”. La invitación era para el lunes 30 de julio, a las 11.30 horas, en el Palacio de La Moneda.

Carta del presidente Allende a Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC invitándolo al diálogo político, 26 de julio de 1973

 

¿Ir o no al diálogo?

En esta nueva encrucijada, el PDC, una vez más, cumplía un rol gravitante en el futuro del país. Como presidente del partido, Aylwin tenía claro que su decisión era fundamental para decidir si concurría o no al diálogo con el presidente Allende.

Aylwin sabía cuál era el ánimo de la gran mayoría de los militantes y simpatizantes que, desde posiciones diferentes, manifestaban su angustia y temor, y pedían a la directiva que se hiciese cargo de la compleja realidad que vivían. La exasperación era mayor en los niveles más populares.

En una carta manuscrita de principios de junio, Eduardo Frei expuso a Aylwin la percepción que varios camaradas le habían manifestado respecto al actuar de la directiva nacional del PDC frente al momento que se vivía. Le criticaban que esta posición de hablar de diálogo lo único que hacía era desorientar más.

Carta de Eduardo Frei Montalva a Patricio Aylwin, presidente Nacional del PDC, dando su opinión sobre la nueva directiva, 1 de junio de 1973

Semejante fue el tenor de muchas cartas que Aylwin recibió durante junio y julio.

Carta de Andrés Passicot, secretario técnico del Departamento Técnico del PDC, a Patricio Aylwin, presidente nacional, adjuntando carta de camaradas en que se analiza la situación nacional, 2 de julio de 1973

Carta del Frente Femenino Provincial del tercer distrito del PDC al presidente nacional, Patricio Aylwin, frente a la actual situación que vive el país, 3 de julio de 1973

Carta de Claudio Orrego a Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, adjuntando documento que propone la posición que debiese tener el partido ante la situación que vive el país, 5 de julio de 1973 

Carta de Emilio Saavedra, presidente provincial del PDC, a Patricio Aylwin, presidente nacional de la colectividad, representándole la posición unánime del consejo plenario provincial, 9 de julio de 1973 

Carta de la directiva del Frente Cristiano de la Reforma Universitaria a Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, sobre la situación que vive el país, 10 de julio de 1973

Carta de Fernando Castillo, rector de la Universidad Católica de Chile y camarada del PDC, a Patricio Aylwin, presidente nacional, sobre la búsqueda del diálogo con el gobierno de la Unidad Popular, 11 de julio de 1973

 

Radomiro Tomic también transmitió a Aylwin sus “reflexiones y ansiedades” en una carta que escribió el 7 de julio, donde, entre otras cosas, afirmaba que “la unidad de acción de la oposición en estos días y circunstancias, es un error fatal para la DC y mortal para la democracia en Chile… y cerrará definitivamente toda posibilidad de diálogo con el gobierno; y sellará el enfrentamiento violento y sangriento como único desenlace, y con ello, el futuro de la DC”.

Carta de Radomiro Tomic a Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, sobre la posición del partido frente a la crítica situación política del país, 7 de julio de 1973 

Dos días después, Aylwin respondió a Tomic a través de una carta en la que expuso su parecer. Partiendo del hecho de que la institucionalidad democrática ya estaba rota y dependía del gobierno restablecerla, señaló que mientras se siguiera permitiendo y amparando el llamado poder popular armado -un poder de hecho, fuera de todo institucionalidad- y de una milicia marxista al margen de las FF.AA., no podía hablarse de Estado de derecho, de convivencia democrática, ni de diálogo. Le insistió en que el sistema democrático chileno funcionaba sobre la base de que el gobierno y la oposición debatían a través de los mecanismo institucionales y sometidos al veredicto del pueblo, y que la fuerza, representada por los institutos armados y carabineros, era un árbitro imparcial, garante de la convivencia democrática.

En la parte final de su carta, Aylwin expresaba, sin rodeos ni tapujos, cuál sería su respuesta si Allende asumía su responsabilidad y optaba por la racionalidad: “Si en algo puedo yo contribuir, todavía estoy dispuesto, pero sobre bases que signifiquen el retorno a la normalidad institucional. Si para eso debo tomar la iniciativa, no trepidaré en hacerlo”.

Carta de Patricio Aylwin, Presidente Nacional del Partido Demócrata Cristiano, a Radomiro Tomic, sobre posición del Partido frente a la situación nacional, 9 de julio de 1973

El 20 de julio Aylwin escribió una carta personal al ministro Briones preguntándole: “¿qué sacamos con conversar si el gobierno no da ninguna muestra de voluntad o capacidad de cumplir lo que dice? ¿Se quiere verdaderamente lograr soluciones justas y racionales, o solo se busca “ganar tiempo” para que el poder “de hecho” nos desborde a todos e imponga su dictadura? ¿Se cree que nosotros podemos permanecer impasibles ante tanto atropello y tanta burla?

Carta de Patricio Aylwin a Carlos Briones sobre recientes acontecimientos que evidencian una crisis institucional, 20 de julio de 1973

El ministro tardaría una semana en responder esta carta, probablemente a la espera de tener una mayor claridad sobre el desenlace que tendrían las gestiones que estaba realizando el cardenal a petición de Allende. En ella, pedía a Aylwin confiar en el llamado al diálogo político del presidente Allende.

Carta de Carlos Briones a Patricio Aylwin sobre situación que vive el país, 27 de julio de 1973

Para alinear al partido, Aylwin decidió convocar para la tarde del mismo día en que había recibido la carta de Allende invitándolo al diálogo -26 de julio- a dirigentes y simpatizantes a una asamblea en la sede del partido. En la oportunidad, informó sobre la invitación hecha por el presidente Allende. De inmediato surgieron manifestaciones de rechazo por parte de un grupo de asistentes, con gritos y pifias. Aylwin reaccionó airado y con firmeza dijo: ¡Sí camaradas! ¡Perdónenme! ¡Mientras haya una posibilidad en 20 mil de salvar la democracia, nuestro deber es hacerlo!  Lo haré públicamente, ante el pueblo de Chile, desde el seno de mi partido y pidiendo a Dios que me asista para responder a la confianza que todos mis camaradas me han depositado: acepto la invitación que el presidente de la República hace a la directiva nacional de mi partido para buscar el mínimo consenso. Lo hago en el claro entendido que esta es la última oportunidad.

Recorte de prensa «Dijo anoche senador Patricio Aylwin: Le diremos al presidente cara a cara lo que pensamos», 27 de julio de 1973

El sábado 28 de julio Aylwin escribió al cardenal Silva Henríquez una carta, expresándole que el PDC había considerado un deber moral y patriótico aceptar la invitación al diálogo, sobrepasando para ello los legítimos sentimientos de duda y recelo que la polarización y la inseguridad provocaban en el espíritu de nuestros compatriotas. La intención era hacer el último esfuerzo para que se restableciera la normalidad institucional, mediante un integral acatamiento del orden constitucional y de las normas básicas de convivencia democrática.

Carta de Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, a Raúl Silva Henríquez, cardenal arzobispo de Santiago, informando que ha aceptado la invitación al diálogo político con el presidente Allende, 28 de julio de 1973

El cardenal le respondió el domingo, pidiendo por un diálogo fructífero, basado en la verdad.

Carta de Raúl Silva Henríquez, cardenal arzobispo de Santiago, a Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, en la que le agradece el aceptar asistir al diálogo con el presidente Allende, 29 de julio de 1973

 

El diálogo: principio y fin

Los intentos por iniciar un diálogo constructivo se habían realizado en un ambiente extremadamente cargado, enmarcado por un nuevo paro convocado por los camioneros, tomas indiscriminadas de industrias, incremento del desabastecimiento y atentados en diversos lugares. Pero el hecho más grave y de mayor connotación pública de esos días fue el asesinato del edecán naval del presidente de la República, el capitán de fragata Arturo Araya Peeters, ocurrido la madrugada del viernes 27 julio.

La Policía de Investigaciones siguió la pista que indicaba que el homicidio lo había perpetrado un grupo de Patria y Libertad, lo cual finalmente resultó ser cierto.

El asesinato del comandante Araya acercó la violencia al propio centro de La Moneda y al círculo más cercano del presidente Allende, y puso en peligro el diálogo aún antes de concretarse. Este crimen venía a confirmar que la violencia generalizada era parte de la vida cotidiana de los chilenos.

El diálogo PDC-gobierno comenzó pasado el mediodía del lunes 30 de julio en La Moneda. De parte de la DC acudieron su presidente Patricio Aylwin y el vicepresidente Osvaldo Olguín, con la confianza de interpretar a grandes sectores ciudadanos que, aunque señalaban no tener fe en los resultados, en el fondo de su alma deseaban que esta gestión fuera exitosa. Además del presidente Allende, estaban los ministros del Interior, Carlos Briones, y de Defensa, Clodomiro Almeyda.

En este primer encuentro se conversó en términos generales sobre la situación del país y las materias que el PDC había expresado en nuestra declaración del 6 de julio y en los discursos del 11 y 26 de ese mes.

El presidente propuso la creación de comisiones especiales para abordar estos problemas y llegar a fórmulas de consenso. A las 13:45 el encuentro fue suspendido. Se reanudó a las 22:20 horas de ese día, sin la presencia del ministro Almeyda, como tampoco de un representante del PS. Allende asistió junto a los ministros Briones, de Interior, el de Economía José Luis Cademártori, y Humberto Martones, de Obras Públicas. Allende, finalmente, no aceptó las sugerencias del PDC y solo ofreció la constitución de comisiones que, a juicio de Aylwin y Olguín solo iban a dilatar la grave situación del país y debilitaría el poder de la DC ante la opinión pública como garante de las garantías constitucionales.

Minuta de Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, sobre reunión sostenida con el presidente Salvador Allende, 31 de julio de 1973

Informe «1a. reunión con el presidente Salvador Allende. 30.7.73 – 12:30 Hrs.», 31 de julio de 1973

Informe «Reunión 30 de julio de 1973 – 22:20 horas», 31 de julio de 1973

Al día siguiente, con el respaldo de la mesa del PDC, Aylwin envió al presidente una carta con un resumen de los temas abordado en las dos reuniones e insistiendo en los planteamientos del partido.

Carta de Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, al presidente Salvador Allende, tras diálogo, 31 de julio de 1973

Allende respondió el 1 de agosto a través de una extensa carta manifestando su disposición a promulgar la reforma constitucional de las áreas de la economía, pero con condiciones, como la promulgación una serie de proyectos de ley que estaban pendientes en el Parlamento y que eran objeto de discrepancias entre el gobierno y la Democracia Cristiana. Y sobre la sugerencia hecha por el PDC de realizar un cambio de gabinete, afirmó que ella no aportaría ninguna solución.

Carta del presidente Salvador Allende a Patricio Aylwin, presidente nacional PDC, tras el diálogo, 1 de agosto de 1973

No era la respuesta esperada. El 2 de agosto la directiva del PDC insistió públicamente en la necesidad de implementar medidas simples y rápidas para restablecer de inmediato la normalidad constitucional y la necesidad de garantizarla mediante un Ministerio capaz de inspirar al país la confianza indispensable para toda convivencia democrática, y asignando al jefe de Estado la mayor responsabilidad para adoptar una urgente decisión política en este sentido

Declaración «Solo Fuerzas Armadas dan confianza al presidente Allende y los chilenos», 1 de agosto de 1973

Las afirmaciones del PDC fueron reiteradas por su presidente ese mismo día en un programa de televisión y dos días después en una nueva declaración hecha por Aylwin.

«Entrevista de la periodista Raquel Correa al senador y presidente del PDC, Patricio Aylwin, en Canal 13 de Televisión, el día 2 de agosto de 1973, a las 14:30 horas», 2 de agosto de 1973

Declaración «Presidente Allende debe tomar una urgente decisión política», 4 de agosto de 1973

Al interior del PDC, el diálogo con el presidente Allende había generado opiniones diversas, entre ellas, la de Eduardo Frei y Renán Fuentealba, lo que hacía difícil su conducción, especialmente cuando destacados dirigentes proponían tan distintas formas de relacionarse con el gobierno.

Carta de Eduardo Frei Montalva a Patricio Aylwin, presidente nacional del PDC, en que manifiesta estar en desacuerdo con hacer reconocimientos al presidente Allende, 3 de agosto de 1973

Carta de Renán Fuentealba a Patricio Aylwin, presidente Nacional del PDC, sobre la exigencia de un gabinete con participación militar previo a los acuerdos con el gobierno de la Unidad Popular, 3 de agosto de 1973

Artículo «Aylwin cuenta: lo que pasó y lo que viene», 9 de agosto de 1973