UN ESPÍRITU JOVEN EN UN VIEJO PARTIDO: orígenes de la Falange Nacional (1915-1935)

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La Doctrina Social de la Iglesia

 

La revolución industrial y la expansión del capitalismo, sustentadas en los principios del liberalismo económico, configuraron hacia fines del siglo XIX un escenario de transformaciones estructurales de amplio alcance. En este marco emergieron el marxismo y el socialismo de raíz atea como respuestas radicales a la denominada ‘cuestión social’, al tiempo que el pensamiento secular adquiría creciente protagonismo y desplazaba progresivamente a la religión del centro de la esfera pública. Tales procesos se articularon con la agudización de la injusticia social y el incremento de la desigualdad que afectaban a los sectores obreros y campesinos en el tránsito hacia la modernidad industrial. Ante este panorama de tensiones ideológicas y fracturas sociales, la Iglesia católica se vio compelida a elaborar una respuesta doctrinal sistemática.

En mayo de 1891, la encíclica Rerum Novarum de León XIII abordó con inusitada amplitud los problemas sociales, económicos, políticos y laborales de su tiempo. Rechazó los excesos del orden liberal-capitalista imperante y, al mismo tiempo, criticó las propuestas del socialismo revolucionario, proponiendo en su lugar una sociedad fundada en la justicia y la solidaridad. Su propósito central era orientar moral y doctrinalmente al mundo católico frente a la llamada ‘cuestión social’.

A partir de entonces, el mensaje de la Iglesia mantuvo una continuidad en el ámbito social, expresada en diversos documentos. Entre ellos destacan Graves de communi re (1901), donde se definió la ‘democracia cristiana’ como acción social inspirada en el Evangelio; Pacem Dei (1920), centrada en la paz y en la necesidad de caridad y justicia social para la reconstrucción espiritual, moral y material tras el fin de la Primera Guerra Mundial; y Ubi arcano Dei consilio (1922), que llamó a instaurar la ‘paz de Cristo en el reino de Cristo’ con una marcada proyección social.