UN ESPÍRITU JOVEN EN UN VIEJO PARTIDO: orígenes de la Falange Nacional (1915-1935)

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Un nuevo estilo de hacer política

 

Antes de finalizar el año 1933 el denominado Movimiento de los Estudiantes Conservadores ya había redactado sus bases doctrinarias. En ellas se lee lo siguiente: “Algunos jóvenes, entre los cuales hay ciertos elementos respetables por su calidad, rechazan actualmente al Partido Conservador, y se mantienen alejados de él. Los intentos de organizar una colectividad distinta del Partido Conservador han fracasado hasta ahora y todo induce a creer que fracasarán, a lo menos en un futuro próximo, porque no pueden imponerse sobre éste que tiene una larga tradición impregnada de campañas en favor de la idea cristiana y que está establecido y organizado en todos los rincones de la República. De lo expuesto se desprende que es altamente beneficioso para la Iglesia y para la Patria, lograr la unión de la juventud católica en torno del Partido Conservador. Nadie mejor que la misma juventud puede realizar esta obra, puesto que ella percibe más íntimamente los problemas de su propia generación y no provoca las resistencias con que el mismo ardor de la lucha va rodeando a los hombres maduros. De la juventud, la porción más escogida es, sin duda, la de los estudiantes, principalmente universitarios, porque, en general, están destinados a ejercer mayor influencia colectiva. Llevar a todos los estudiantes católicos del país al Partido Conservador constituye el objeto esencial del movimiento organizado por los jóvenes conservadores”. Firmaban el documento Bernardo Leighton, Víctor Delpiano, Lorenzo de la Maza, Manuel Risueño, Eduardo Frei, Clemente Pérez Zañartu, Eduardo Hamilton, Rafael A. Gumucio, Sergio Fernández Larraín, Juan Díaz, Alejandro Silva Bascuñán, Radomiro Tomic, Rafael Maroto, Manuel Francisco Sánchez, Manuel Antonio Garretón. (Silva Bascuñán, 1949, pp. 42-43)

Con el propósito de organizar a la Juventud Conservadora en todo el país, se constituyó una comisión encabezada por Bernardo Leighton e integrada también por Radomiro Tomic, Ricardo Boizard y Manuel José Irarrázaval. Para cumplir esta tarea se diseñó un plan de giras a nivel nacional, cuyo punto culminante sería la concentración de las juventudes conservadoras de Chile, programada para los días 11, 12 y 13 de octubre de 1935. La fecha escogida no fue casual: coincidía con la conmemoración del ‘Día de la Raza’, lo que permitía otorgar al encuentro un sentido simbólico de arraigo en la tradición hispanoamericana y de vinculación con el pensamiento cristiano que inspiraba a esta generación.

Bernardo Leighton relató en detalle la experiencia de estas giras, que se prolongaron por más de un año y recorrieron numerosas ciudades y poblados: “Pasamos por muchas partes y nos fuimos reuniendo en todas ellas con dirigentes jóvenes del Partido Conservador que ya militaban en él, pero que no formaban una organización especial en su seno. Conocimos a mucha gente durante esa época. Así fuimos creando en todas partes núcleos representativos de la comisión organizadora, para que fueran formando las bases de provincias. Hecho esto, seguimos manteniendo la comunicación por escrito”. (Boye, 1986, p.59)

Por su parte, Ricardo Boizard recuerda que fue esta la época en que Tomic comenzó a “fulgurar y luchar con denuedo en Antofagasta. Frei organizaba a la juventud de Tarapacá”, mientras que otros llegaban a Lontué para levantar “una bandera reformista en el ambiente más hostil de la oligarquía católica y viñatera”, y algunos más recorrían “los caminos fangosos de Chiloé”, mientras que “miles más hacían crujir el país con la buena nueva que anunciaban los discursos vibrantes y densos de Leighton, de Garretón, de Tomic, de Frei, de Nacho Palma y aun del que esto escribe” (Boizard, 1963, p. 172).

Estas giras por todo Chile permitieron a los organizadores reunirse con dirigentes juveniles del Partido Conservador y con estudiantes en encuentros donde primaba el diálogo. De este modo se inauguró un “nuevo estilo político, que quizás sin saberlo sus promotores, marcó temprano una de las características básicas de la Falange (…). Ahí nace el deseo de hacer de la democracia una forma de comunicación entre los hombres y, a la vez, una forma de debatir para ponerse de acuerdo y no para fomentar el encono de la división entre los chilenos” (Cash, 1986, p. 101).

De este modo, sobre la base de fuertes vínculos personales, la Juventud  Conservadora logró constituir una organización de tipo celular con presencia nacional, cuyo estilo de acción, alejado del estilo tradicional, les otorgaba un sello propio dentro del Partido Conservador, generando recelos en sus sectores más tradicionales. Como expresión de este avance, se establecieron en un local de la calle Compañía y, en julio de 1934, fundaron el periódico Lircay —nombre que evocaba la batalla que dio inicio a la época portaliana—, bajo la dirección inicial de Radomiro Tomic.