Durante la inauguración de la XIX Competencia Internacional de Arbitraje, el presidente del CAM Santiago, Ricardo Riesco, destacó la trascendencia de la obra escrita por Patricio Aylwin cuando aún era estudiante de Derecho y las lecciones que continúa ofreciendo a las nuevas generaciones de abogados, profesores y árbitros.

En el marco de la jornada inaugural de la XIX Competencia Internacional de Arbitraje, celebrada en la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, el presidente del CAM Santiago, Ricardo Riesco, presentó la octava edición de la célebre obra del expresidente de Chile Patricio Aylwin Azócar, El Juicio Arbitral.

En la ocasión se presentó también la tercera edición de Estudios de Arbitraje. Homenaje al profesor Patricio Aylwin Azócar, libro coordinado por el académico Eduardo Picand Albónico que reúne trabajos de destacados especialistas y rinde tributo a la trayectoria jurídica y arbitral del expresidente y profesor de Derecho.

Al iniciar su intervención, Riesco invitó a los asistentes a imaginar la Facultad de Derecho en junio de 1943. En medio de las limitaciones propias de la época y mientras el mundo atravesaba la Segunda Guerra Mundial, un joven Patricio Aylwin trabajaba rodeado de libros en español, francés e italiano, sin las herramientas tecnológicas disponibles en la actualidad. Durante dos años estudió, ordenó y sistematizó una materia que hasta entonces no había sido abordada integralmente en Chile.

Esa memoria de grado se transformó en El Juicio Arbitral, obra que, a más de ocho décadas de su primera publicación, continúa siendo una referencia fundamental para el estudio y la práctica del arbitraje en el país.

La nueva edición estuvo a cargo del profesor Eduardo Picand Albónico, responsable también de la sexta y séptima ediciones. Su trabajo incorporó las actualizaciones normativas, jurisprudenciales y doctrinarias necesarias, tanto nacionales como extranjeras, procurando conservar intactos el pensamiento, la escritura y la concepción del arbitraje desarrollados por Aylwin.

Riesco sostuvo que la permanencia del libro se explica porque no ha sido tratado como una reliquia. Cada nueva edición ha exigido distinguir entre aquello que debe conservarse y lo que necesita ser actualizado a la luz de los cambios normativos, institucionales y tecnológicos.

“El libro sigue vivo no porque siga impreso, sino porque no fue tratado como una reliquia”, afirmó. A su juicio, la estructura esencial del arbitraje permanece en las preguntas que la obra formuló desde sus orígenes: quién decide, de dónde proviene su autoridad, cuáles son sus límites, mediante qué procedimiento se resuelve una controversia y frente a quién responde el árbitro.

Entre las principales contribuciones de Aylwin, Riesco destacó dos ideas que conservan plena vigencia. La primera es que la fuente del arbitraje no se encuentra únicamente en la ley, sino en la autonomía de la voluntad de las partes, expresada mediante el compromiso y la cláusula compromisoria. La segunda es que el árbitro, mientras ejerce sus funciones, actúa como un verdadero juez de la República.

Esta última afirmación, señaló, impone al árbitro un deber especialmente exigente. Su autoridad debe renovarse en cada decisión, mediante la imparcialidad, la escucha atenta de las partes, el manejo responsable de los tiempos, la adecuada valoración de la prueba y la elaboración de resoluciones comprensibles y debidamente fundamentadas.

“El verdadero examen consiste en que quien pierde pueda reconocer que fue oído, que el tribunal arbitral entendió su caso y que la decisión responde a razones”, expresó Riesco. Por ello, llamó tanto a los árbitros como a los abogados a proteger la legitimidad del procedimiento arbitral, incluso cuando hacerlo no represente una ventaja inmediata para la posición que defienden.

La intervención estuvo dirigida también a los estudiantes presentes. Riesco recordó que Aylwin eligió investigar el juicio arbitral pese a que el entonces decano Arturo Alessandri Rodríguez le había sugerido otro tema. Esa decisión, indicó, contiene una lección universitaria que sigue siendo relevante: respetar a los maestros no significa limitarse a repetir sus ideas, sino aprender a formular nuevas preguntas y desafiar, de manera fundada y leal, los conocimientos recibidos.

Asimismo, evocó el ejemplar número 101 de la primera edición, que Aylwin destinó a sus padres y en el que escribió una dedicatoria que expresaba su voluntad de perseverar en el camino señalado por su ejemplo. Para Riesco, ese gesto reúne tres dimensiones que no debieran separarse en la vida universitaria: conocimiento, responsabilidad y gratitud.

Frente a los desafíos que plantean la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías, el presidente del CAM Santiago sostuvo que la enseñanza del Derecho deberá avanzar desde modelos principalmente informativos hacia métodos más prácticos y críticos. En ese sentido, destacó el valor de la Competencia Internacional de Arbitraje, que reunió en Santiago a estudiantes, profesores y especialistas de universidades de diez países.

Finalmente, Riesco vinculó la obra jurídica con la trayectoria pública de Patricio Aylwin. A su juicio, la convicción que recorre El Juicio Arbitral —la posibilidad de resolver los conflictos mediante el acuerdo, la razón y reglas compartidas— estuvo también presente en la forma en que el expresidente condujo la transición democrática chilena.

De este modo, la presentación de la octava edición permitió recuperar una dimensión a veces eclipsada por su trayectoria política: la de Patricio Aylwin como jurista, académico y estudioso del Derecho. Una vocación temprana que comenzó con la rigurosa memoria de un estudiante y que, más de ochenta años después, continúa orientando la formación y el trabajo de nuevas generaciones.

Discurso de Ricardo Riesco, Presidente del CAM Santiago