Cinco líneas centrales del pensamiento político de Patricio Aylwin

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Introducción

Cuando fue proclamado candidato presidencial de la Concertación de Partidos por la Democracia, Patricio Aylwin –entonces de 71 años – hizo esta definición de sí mismo:

Si estoy pidiendo a mi pueblo su confianza para que me encomiende la tarea de conducirlo, creo tener el deber de sincerarme plenamente ante él.

Soy un chileno de clase media, amante de mi familia y de mi patria.

Tuve la suerte de nacer en un hogar donde aprendí a ser fiel a la verdad, buscar siempre la justicia y respetar a la gente, sobre todo a los pobres.

Creo en Dios.

Creo en el hombre. En la dignidad superior del ser humano.

Por lo mismo, creo en el pueblo. En la sensatez, el sentido común, la sabiduría innata del hombre común.

Concibo la vida como una tarea. Desde niño, sentí que mi tarea es la justicia. Luchar por la justicia. Y eso he procurado hacer durante toda mi vida. Por eso fui abogado y profesor de Derecho. Por eso me hice político: para luchar por la justicia para nuestro pueblo.

Por ser cristiano, busco primero el reino de Dios y su justicia y espero que lo demás llegue por añadidura.

Por ser demócrata, creo en la capacidad y en el derecho del pueblo a decidir por sí mismo sobre su destino, defendiendo la libertad de mi adversario y he aprendido a respetar siempre las opiniones discrepantes a las mías.

Quizás no me crean si digo que jamás he tenido ambición de poder, sino solo de servir. Entiendo el poder como un instrumento para servir.

Creo en la razón y en el Derecho. Concibo a la fuerza solo como instrumento de la razón y del Derecho. Rechazo terminantemente la violencia.

Soy hombre de partido. Desde hace casi medio siglo soy democratacristiano, porque creo en los valores y principios del humanismo cristiano.

Concibo a los partidos políticos como instrumentos para encauzar a las distintas corrientes de opinión, a fin de servir con la mayor eficacia sus ideales comunes de bien público. Aunque busquen el poder, no han de hacerlo para servirse de él, sino para servir al pueblo.

Aspiro a ser el presidente de todos los chilenos. Aspiro a ser el primer servidor de la nación.

Para cumplir esta tarea imploro la ayuda de la Providencia y pido su confianza a todos mis compatriotas.

Con mucha fe en Chile, en el pueblo de Chile y mucha esperanza en el porvenir, llamo a todos mis compatriotas a construir el Chile que queremos: la patria justa y buena para todos los chilenos.

 

Discurso de Patricio Aylwin en el acto de proclamación de su candidatura para presidente de la República, 16 de julio de 1989. (APA-3231)

En esa síntesis está la línea conductora de una larga trayectoria política. Patricio Aylwin se interesó en los asuntos públicos desde su adolescencia y fue un protagonista de más de siete décadas de la historia de Chile.

Existen múltiples fuentes para seguir su pensamiento y su acción. En este ensayo me ceñiré a los documentos y discursos que él mismo conservó y que hoy integran el archivo personal custodiado por la Fundación Patricio Aylwin (www.archivopatricioaylwin.cl), así como a dos de sus principales libros: El reencuentro de los demócratas y La experiencia política de la Unidad Popular 1970-1973. El primero fue escrito al concluir su mandato presidencial y relata su vida política entre 1973 y marzo de 1990. El segundo comenzó a redactarlo en 1974, pero diversas circunstancias retrasaron su conclusión hasta 2011. Sin declararlo expresamente, no quiso publicarlo en vida, pues temía abrir grietas en una relación que había costado mucho construir y a la que otorgaba especial valor. Finalmente, al cumplirse cincuenta años del golpe militar y siete años de su fallecimiento, sus hijos decidimos publicarlo. La experiencia política de la Unidad Popular 1970-1973 ofrece una visión crítica de la relación entre ese gobierno y la Democracia Cristiana, y da cuenta del progresivo deterioro institucional que condujo al quiebre de la democracia chilena.

Asimismo, puedo aportar la perspectiva de haber compartido, no solo su vida pública, sino también la privada, como su hija. Ciertamente ello tiene ventajas y desventajas. Pero es muy difícil apartarme de esta circunstancia, lo cual me lleva a escribir desde esa cercanía.

La historia tiene la última palabra, aunque es una disciplina veleidosa. No obstante, ahí está su legado, el de una larga vida política que junto a otros marcó el rumbo de Chile, en tiempos mejores y peores, con luces y sombras. Están los hechos, los eventos en los que participó. Pero también, su pensamiento está escrito por él, en documentos, discursos, libros, intervenciones en medios, seminarios, en el Congreso Nacional, como presidente de Chile, en entrevistas, en cartas (antes las posiciones políticas se justifican a través de cartas).  A través de la Fundación Aylwin, como familia, hemos hecho un gran esfuerzo por preservar ese legado, que ya está en gran parte digitalizado.

Este testimonio es un esbozo que he intentado hacer como hija, desde mi admiración y un amor filial, que me invita a perseverar en el camino que nos señaló con su vida.

 

Mariana Aylwin O.