Cinco líneas centrales del pensamiento político de Patricio Aylwin
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Concepción cristiana de la persona humana
Uno de los discursos que con mayor cuidado escribió Aylwin fundamentando la acción política en los principios cristianos, fue el que tituló Por la liberación del hombre, pronunciado en la Primera Convención Nacional del Partido Demócrata Cristiano realizada en mayo de 1959, cuando él era presidente de la colectividad. Algunas de sus palabras fueron:
La creatura humana ha sido puesta sobre este mundo para ser persona. No solo para crecer y multiplicarse y henchir la tierra, sino también para enseñorearse de ella. No para vivir como otro animal cualquiera, sino para ser sujeto, para ser actor, para realizarse en el trabajo, y desarrollar todas las aptitudes de su ser, físicas y espirituales, conquistar mediante él la alegría y plenitud de la vida familiar y en paz… Esta es la tarea y destino de todo hombre. No solo de unos pocos, sino de la gran comunidad de hermanos, todos de la misma hechura, todos creados a imagen y semejanza de Dios, todos con derecho a la misma dignidad, que constituyen la familia humana…
He aquí, señores, la gran tarea de los hombres de este siglo: la liberación del hombre. Liberación de la miseria, mediante el desarrollo armónico de la economía de las naciones y una justa redistribución de la riqueza. Liberación de la tiranía, mediante la práctica de una efectiva democracia que garantice los derechos naturales del hombre y en la que todos participen del poder político. Liberación de la ignorancia, mediante la extensión al máximo de la enseñanza en todos los niveles, sin otros límites que la vocación y la capacidad de cada cual… Por esto lucha la Democracia Cristiana. Para esto llama a luchar a todos los hombres de buena voluntad. No les pide identidad en la fe religiosa, que es un don gratuito de Dios; les exige, en cambio, amor a la verdad, vocación por la justicia, clara conciencia de la dignidad personal de todo hombre, vivo sentimiento de la hermandad humana y generosa entrega de sí mismos…
Quienes en nuestros días hablan de «dar» al pueblo esto o lo otro, revelan una arcaica incomprensión de la realidad social del tiempo en que vivimos. Los problemas de esta época no admiten solución por el viejo camino de la generosidad privada o el paternalismo. Hay que cambiar esa “estructura» y crear un orden nuevo…
Chilenos que escucháis, esta convención que ahora inicia la Democracia Cristiana, constituye un paso más en una lucha que es también la vuestra y en la cual llamamos a todos a tomar posiciones: la lucha por construir una Patria en la que el hombre, el hombre carpintero, el hombre agricultor, el hombre pastor entre un rebaño de ovejas a la puesta del sol, el hombre cuyo nombre no suene ni solemne ni feroz, pueda vivir en paz una vida justa y digna.
Discurso de Patricio Aylwin “Por la liberación del hombre”, 27 de mayo de 1959.(ACF-0464)
El valor de la vida humana, el respeto a cada persona derivado de la igual dignidad por ser hijos de Dios, un sentido providencialista de la vida, donde “cada día tiene su propio afán”, el rechazo a la violencia y una conciencia de que la política era una manera de luchar por un mundo mejor conforme a los principios del Evangelio, constituyeron una ética para sus acciones personales. Muchos años después, afirmó ante un grupo de jóvenes:
Todo cristianismo (y todo cristiano) se encuentra en relación con y situado en un espacio y momento socio-cultural, en el que debe traducir su opción en actitudes y acciones concretas en los diferentes ámbitos de la convivencia humana. Cada momento histórico es un arduo y específico reto de especiales exigencias para los cristianos y su búsqueda por refractar coherente y creativamente las exigencias evangélicas en las estructuras sociales…
La política constituye y nos brinda una ocasión óptima y propicia para servir a los otros y para unirnos más a un sentido trascendente de la vida. La vida de servicio público (servicio a los otros) a través de la política, es una opción no sólo legítima sino que necesaria en toda sociedad.
Intervención de Patricio Aylwin ante un grupo de jóvenes en el Centro El Ágora, 12 de octubre de 2001.
Mi padre era poco dado a la prédica y no hacía ostentación de su fe; más bien, su manera de actuar fue testimonial. Era un católico de misa dominical. Cuando éramos niños íbamos a misa en familia a las nueve de la mañana, para después hacer alguna excursión o paseo. En alguna etapa, participó junto a mi madre en el Movimiento Familiar Cristiano. En su larga vida, tuvo cercanía con sacerdotes y obispos que marcaron el rumbo de una Iglesia que en Chile tenía una gran autoridad moral, comprometida con la justicia social y la defensa de los derechos humanos. Sus hijos siempre sentimos la libertad de tomar nuestras propias opciones, admirando su ejemplo y el de nuestra madre. En el día de su funeral, en la Catedral de Santiago, la Iglesia chilena le otorgó la Cruz del Apóstol Santiago, una distinción especial que se entrega a laicos destacados por su compromiso con los valores cristianos y su servicio a la sociedad.
