Cinco líneas centrales del pensamiento político de Patricio Aylwin

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Búsqueda de acuerdos

En su vida pública y privada, Patricio Aylwin solía repetir la frase ‘vivir es convivir’. La usaba cuando peleábamos entre hermanos y en numerosas ocasiones en actos públicos, para subrayar que los seres humanos vivimos en comunidad y debemos entendernos si queremos llevar una vida buena. Esta convicción marcó múltiples momentos de su trayectoria profesional y política.

De hecho, su memoria de título para obtener el grado de abogado la dedicó al Juicio Arbitral (1943), concebido como una alternativa a los procesos adversariales en la resolución de conflictos. El arbitraje, mediante acuerdos facilitados por un tercero escogido por las partes, era visto por Aylwin como una herramienta clave también para la resolución pacífica de controversias internacionales. Hoy ese texto es considerado un clásico del derecho chileno y continúa publicándose (su última edición es de 2023. Véase: El Juicio Arbitral, https://fundacionaylwin.cl/el-juicio-arbitral/ )

En variadas circunstancias, Patricio Aylwin se destacó por su capacidad de diálogo, aun en tiempos en que los vientos iban en contra de ello. Así ocurrió durante el gobierno de Salvador Allende, cuando, en medio de una profunda crisis política, económica y social, respondió al llamado del Cardenal Raúl Silva Henríquez, quien instó a abrir un diálogo entre el gobierno y la oposición.

En la oposición predominaba la sensación de que el gobierno buscaba ganar tiempo para avanzar hacia la conquista del poder total. Los sectores de derecha acusaban a la Democracia Cristiana de debilidad, pues en el crispado ambiente de la época, dialogar era visto como una claudicación. En medio de una acalorada asamblea partidaria, Aylwin comunicó que había recibido una carta del presidente de la República invitándolo a una reunión

para realizar un diálogo en busca de las convergencias y coincidencias que existen, y que permitirán continuar realizando las transformaciones que el interés de Chile y su pueblo requiere. Públicamente, ante el pueblo de Chile [se escucha un gran chiflido interrumpido por reclamos  y gritos de “no”] ¡¡¡Camaradas!!! ¡¡¡perdónenme!!!, este partido tiene una tradición democrática y a diferencia de otros partido [se escuchan aplausos y gritos de la Juventud Demócrata Cristiana].

Públicamente, ante el pueblo de Chile, desde el seno de mi partido, y pidiendo a Dios que me asista para responder a la confianza de todos mis camaradas, y para saberlos interpretar, y para saber interpretar a la inmensa mayoría de los chilenos, que son democráticos, que quieren justicia, que quieren libertad, que no quieren tiranía comunista, pero que quieren solución constitucional para los problemas de Chile, [aplausos] yo acepto esa invitación.

 

Intervención de Patricio Aylwin en que informa a los camaradas del PDC que ha decidido aceptar la invitación del presidente Allende para asistir a un diálogo político en La Moneda, 26 de julio de 1973.
Disponible en: https://www.youtube.com/watch?v=o_ELTcXV2uk

 

Esos diálogos no fructificaron. Las soluciones políticas se vieron sobrepasadas por los hechos. A ello contribuyeron las grandes brechas de desconfianzas, la polarización y las profundas divisiones que habían dentro de los partidos, especialmente en los de gobierno. En palabras de Aylwin, pocos días antes del golpe militar:

 

De parte del gobierno, no existe voluntad de rectificación profunda, sea porque Allende no quiere, sea porque Allende no puede, sea porque es un hecho que la rectificación significa el quiebre de la Unidad Popular.

 

Discurso de Patricio Aylwin en reunión con la mesa directiva nacional y los presidentes provinciales del PDC, 8 de septiembre de 1973. (APA-0330)

 

El quiebre de 1973 fue una experiencia traumática para los chilenos y Aylwin la vivió como un fracaso personal. En algún momento confesó a una destacada periodista que se sentía parte de “una generación fracasada”, recordando que:

 

Cuando tenía veinte años y mi generación tenía veinte años, en este país había mucha injusticia, mucha desigualdad, pero había libertad. Nosotros estábamos orgullosos de la democracia chilena. Los hombres de aquella época nos propusimos, unos en el marco de las ideas socialcristianas, otros en el marco de las ideas socialistas, otros radicales, superar esa injusticia, transformar este país, construir un nuevo Chile justo, humano, solidario, sobre la base de conservar la libertad. Al cabo de cincuenta años, hoy día hay más injusticia y no tenemos libertad. Somos una generación fracasada.

 

Entrevista de Mónica González, “Las heridas de 1973”, revista Análisis N°171, 20 al 26 de abril de 1987. (APA-3184)

 

En los años posteriores al golpe, Patricio Aylwin participó en todas las instancias que fueron acercando posiciones entre el mundo socialista y democratacristiano y ampliando la base de sustentación de la oposición democrática. Ya nos referimos a su liderazgo en el llamado Grupo de Estudios Constitucionales. Posteriormente fue uno de los suscriptores de la Alianza Democrática en 1983; del Acuerdo Nacional en 1985; del Movimiento por las Elecciones Libres en 1987; de los Partidos por el NO para el plebiscito —iniciativa en la que actuó como primus inter pares— y, finalmente, de la Concertación de Partidos por la Democracia en 1989. La unidad entre la Democracia Cristiana y el socialismo representó una verdadera ‘vuelta de mano’ en la vida de Patricio Aylwin, cuyos ideales juveniles habían estado vinculados a ese mundo.

En este recuento de su vocación de diálogo, vemos a Aylwin, tras el triunfo en el plebiscito de 1988, representando a la oposición en las conversaciones con el gobierno de Pinochet, que designó para ello a su ministro del Interior, Carlos Cáceres. Ese proceso se tradujo en 54 reformas a la Constitución de 1980 que, aun resultando insuficientes para la oposición, contribuyeron a facilitar el tránsito hacia la democracia.

Esa vocación de diálogo también se expresó durante su gobierno. Sin mayoría en el Congreso, debido a las ataduras heredadas del régimen militar —como la existencia de nueve senadores designados por Pinochet que otorgaban la mayoría a la oposición en esa cámara, y la inamovilidad de los Comandantes en Jefe de las Fuerzas Armadas—, el gobierno se vio obligado a buscar acuerdos para aprobar sus reformas. Impulsó además diálogos tripartitos que reunieron a trabajadores y empresarios, contribuyendo a forjar una cultura de consensos como condición para avanzar. Gracias a ello fue posible concretar una reforma tributaria, una reforma laboral, la Ley Indígena, acuerdos económico-sociales entre empresarios y trabajadores, y la apertura de Chile al mundo como política de Estado.

El 2001, el presidente Ricardo Lagos recurrió a la experiencia del expresidente Aylwin en la búsqueda de acuerdos pidiéndole encabezar la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato. Conformada por 25 integrantes, esta instancia se propuso revisar la historia de los pueblos indígenas en Chile y, a partir de esa mirada, delinear las bases de un nuevo marco institucional que asegurara un nuevo trato, más justo y respetuoso, hacia ellos.

Los pueblos indígenas sienten su cultura amenazada y se ven a sí mismos como víctimas de un proceso histórico en el que fueron condenados –a veces con violencia- a la invisibilidad y a la exclusión. Ellos sienten que hoy día tienen derecho a hacer pública, y a que les sea reconocida, la identidad que fue ahogada durante el proceso de constitución del Estado nacional. Hoy día reivindican esa identidad y los lugares con los que ella está atada, no con el afán de desconocer los íntimos vínculos que poseen con la Nación chilena, sino con el propósito de integrarse plenamente a ella desde lo que ellos son, desde lo que han llegado a ser. La Comisión valora profundamente ese propósito de integración y comprende que él debe ser alcanzado no desde la supresión de la identidad de esos pueblos, sino mediante su pleno reconocimiento.

 

Gobierno de Chile, “Informe de la Comisión Verdad Histórica y Nuevo Trato de los Pueblos Indígenas”, 2003.
Véase: https://fundacionaylwin.cl/el-informe-de-verdad-historica-y-nuevo-trato/

 

Años más tarde, con motivo de la presentación de la edición oficial del Informe Verdad Histórica y Nuevo Trato, Aylwin recordó: 

No puedo ocultar que tengo la impresión –tal vez por ignorancia- de que hemos avanzado poco en la definición e implementación de una ‘Política de Estado’ respecto a los problemas que afectan particularmente a nuestros pueblos indígenas. Sigo pensando que los planteamientos del Informe de la Comisión que tuve el honor de presidir constituyen la mejor orientación para una política de esa clase.

 

Intervención de Patricio Aylwin en la presentación de la edición oficial del Informe Verdad Histórica y Nuevo Trato, 12 de noviembre de 2008.

 

 Mientras escribo esta reseña, una nueva “Comisión de Paz” busca avanzar en este tema.