Hace 80 años: el ingreso de Patricio Aylwin Azócar a la Falange Nacional

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V congreso nacional de la Falange, 1948

La misma orientación doctrinaria se expresó en el V Congreso Nacional de la Falange de 1948, donde Aylwin integró la Comisión encargada de reformular los “Veinticuatro puntos” del movimiento.

Este evento, realizado entre el 27 y el 30 de mayo de 1948, constituyó un momento decisivo en la evolución doctrinaria y política del movimiento y, particularmente, en la consolidación del pensamiento de Patricio Aylwin Azócar. El Congreso se desarrolló en un contexto político especialmente complejo: la crisis del gobierno de Gabriel González Videla, la creciente polarización ideológica derivada de la Guerra Fría y la discusión de la llamada “Ley de Defensa Permanente de la Democracia”, que buscaba proscribir al Partido Comunista.

En ese escenario, la Falange buscó definir con mayor claridad su identidad doctrinaria, su proyecto político y su posición frente a los grandes conflictos nacionales e internacionales. El Congreso tuvo, en consecuencia, un carácter refundacional: no solo revisó los “Veinticuatro puntos” históricos del movimiento, sino que intentó precisar qué significaba realmente construir una alternativa distinta tanto al liberalismo conservador como al marxismo revolucionario.

Uno de los debates más relevantes fue precisamente la definición ideológica del movimiento. Como integrante de la Comisión Doctrinaria y representante del Consejo Nacional, Aylwin desempeñó un papel central en la redacción de la nueva Declaración de Principios. Allí defendió la idea de que la Falange debía definirse, antes que nada, como un movimiento político nacional orientado a construir “una democracia verdaderamente humana”, fundada en la libertad y la justicia social, pero inspirada en principios cristianos y abierta a todos quienes compartieran sus objetivos fundamentales.

Esta definición no era menor. Aylwin se opuso a las tesis impulsadas por sectores más radicales —representados especialmente por Julio Silva Solar— que buscaban definir a la Falange prioritariamente como un movimiento orientado a la “redención del proletariado”. Aylwin consideraba que una formulación de ese tipo reducía excesivamente el carácter nacional y plural del movimiento y podía acercarlo peligrosamente a una lógica de lucha de clases incompatible con la tradición humanista cristiana.

La posición finalmente aprobada reflejó, en gran medida, la visión de Aylwin y de quienes impulsaban una síntesis entre inspiración cristiana, democracia política y reforma social. La nueva Declaración de Principios sostuvo que la Falange luchaba “por instaurar en Chile una democracia verdaderamente humana, en que imperen la libertad y la justicia”, afirmando además la necesidad de una democracia integral que incorporara las dimensiones económicas y sociales.

El Congreso también reafirmó una fuerte crítica tanto al capitalismo liberal como al marxismo. La Falange rechazó el “capitalismo individualista o estatal”, proponiendo en cambio una “economía humana” basada en la dignidad de la persona, el bien común y la subordinación de la economía a objetivos sociales. Esta formulación buscaba construir una alternativa propia frente a los dos grandes modelos ideológicos de la época: el liberalismo económico y el socialismo marxista.

Otro aspecto central del Congreso fue la discusión sobre la relación con el comunismo y la defensa de la democracia. Aunque la Falange reafirmó su oposición doctrinaria al marxismo, rechazó simultáneamente la política de persecución impulsada por el gobierno de González Videla. El voto político aprobado por el Congreso calificó la “Ley de Defensa Permanente de la Democracia” como errónea, contraproducente e incluso inconstitucional, argumentando que declarar ilegal al comunismo no lo destruiría, sino que lo empujaría a la clandestinidad y terminaría debilitando el régimen democrático.

Esta posición expresaba con claridad una convicción profundamente arraigada en Aylwin: la democracia debía defenderse sin renunciar a sus propios principios. El comunismo debía ser combatido en el plano de las ideas, de la organización social y de la acción política legítima, pero nunca mediante la supresión de libertades públicas o la persecución policial indiscriminada. En este punto, Aylwin comenzó a perfilar una posición que mantendría a lo largo de toda su vida pública: una firme oposición doctrinaria al marxismo, pero igualmente un rechazo a las salidas autoritarias o represivas.

El Congreso reafirmó, además, la tesis de la “política propia” y de la independencia falangista frente a los bloques tradicionales. La Falange insistió en la necesidad de construir un camino autónomo, distinto tanto de la derecha conservadora como de la izquierda marxista, evitando pactos que implicaran subordinación doctrinaria. Esta idea de independencia política —fuertemente defendida por Aylwin, Radomiro Tomic Romero y Jaime Castillo Velasco— se transformaría en uno de los sellos fundamentales de la Falange durante las décadas siguientes.

En términos históricos, el V Congreso de 1948 fue decisivo porque consolidó la transición definitiva de la Falange desde un pequeño movimiento juvenil de inspiración católica hacia un proyecto político nacional, reformista y doctrinariamente estructurado. También permitió la emergencia de una nueva generación de dirigentes —entre ellos Aylwin— que buscaban combinar democracia, justicia social, humanismo cristiano y modernización económica dentro de un proyecto profundamente nacional y latinoamericanista. (Folleto «Para Construir un Mañana Mejor. 5to Congreso 27-30 Mayo 1948», 27 de mayo de 1948).