Hace 80 años: el ingreso de Patricio Aylwin Azócar a la Falange Nacional
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El documento de 1945 y la aproximación definitiva
El proceso de acercamiento de Patricio Aylwin a la Falange Nacional quedó mucho más elaborado en un extenso documento político redactado en abril de 1945 junto a otros jóvenes intelectuales —entre ellos Clodomiro Almeyda, Felipe Herrera Lane y Carlos Altamirano Orrego— y dirigido también a Jorge Rogers. El texto constituye una pieza central para comprender la evolución doctrinaria de Aylwin y, al mismo tiempo, el ambiente intelectual y político que vivía una generación de jóvenes que buscaba nuevos caminos para enfrentar la crisis social, económica y política de Chile y América Latina.
Desde sus primeras líneas, el documento deja claro que sus autores seguían manteniendo ciertas distancias filosóficas respecto del falangismo. Reconocían abiertamente que estaban “filosóficamente muy distantes del credo comulgado por la gran mayoría de los falangistas”, dejando en evidencia que su aproximación a la Falange no provenía de una adhesión doctrinaria inmediata al pensamiento socialcristiano. Sin embargo, agregaban que habían llegado a considerar a la Falange como “la organización política que en mejores condiciones está para responder a lo que Chile necesita”, valoración que surgía no desde la teoría abstracta, sino desde una lectura concreta de la realidad nacional.
En efecto, el documento revela que Aylwin y sus compañeros buscaban una política orientada menos por etiquetas ideológicas rígidas que por la capacidad efectiva de responder a los grandes problemas del país. Por ello, desarrollaban un extenso análisis sobre la situación latinoamericana, caracterizada —según señalaban— por la pobreza económica, el atraso industrial, el latifundio y la dependencia del imperialismo extranjero. Frente a ese diagnóstico, proponían un programa de transformación basado en la industrialización, la reforma agraria, el fortalecimiento del Estado, la integración latinoamericana y una democracia social avanzada capaz de incorporar políticamente a las grandes mayorías.
Resulta particularmente significativo que el documento insistiera en compatibilizar esas transformaciones con la democracia política. Sus autores sostenían que la democracia no debía entenderse únicamente como “un gobierno formal de mayorías”, sino como un sistema capaz de traducir y realizar las aspiraciones populares a través del Estado. En ello se aprecia uno de los rasgos que marcarían toda la trayectoria posterior de Aylwin: la convicción de que los cambios sociales debían realizarse dentro de un marco democrático y pluralista, evitando tanto el inmovilismo conservador como las soluciones autoritarias.
El texto también deja ver la profunda admiración que estos jóvenes sentían hacia ciertos rasgos de la Falange Nacional. Destacaban “el temple moral de sus hombres”, la honestidad pública de sus dirigentes y su actitud democrática, antifascista y antimperialista. En un contexto político marcado por el descrédito de los partidos tradicionales y por la crisis de las experiencias de izquierda de los años treinta, la Falange aparecía ante ellos como una fuerza nueva, moralmente creíble y capaz de interpretar las demandas de modernización social del país.
Sin embargo, el acercamiento de Aylwin y sus compañeros al falangismo seguía siendo crítico y condicionado. El documento expresaba reservas explícitas frente a la posibilidad de que la Falange se transformara simplemente en “la sección chilena del movimiento católico izquierdista mundial”. Más que un partido confesional o estrictamente doctrinario, aspiraban a la construcción de un gran movimiento nacional, amplio y pluralista, capaz de integrar distintas sensibilidades ideológicas alrededor de tareas históricas comunes: la industrialización de Chile, la incorporación política y social de campesinos y trabajadores, el desarrollo económico y la integración latinoamericana.
En ese sentido, el documento de 1945 no solo permite comprender las dudas y búsquedas intelectuales del joven Aylwin, sino también anticipar varios de los elementos que definirían posteriormente su pensamiento político: el rechazo al dogmatismo, la centralidad de la democracia, la búsqueda de acuerdos amplios y la convicción de que la política debía construirse sobre grandes objetivos nacionales antes que sobre identidades ideológicas excluyentes. («Carta de un grupo de jóvenes a Jorge Rogers, donde expresan su pensamiento acerca de la Falange Nacional y la política nacional, 20 de abril 1945»).
