Hace 80 años: el ingreso de Patricio Aylwin Azócar a la Falange Nacional
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Ingreso a la Falange
La decisión definitiva de ingresar a la Falange Nacional fue tomada por Aylwin en mayo de 1946. Reunido con sus amigos del grupo de reflexión en el fundo de la familia Almeyda en Coelemu, les comunicó que había llegado el momento de definir su compromiso político: “Estamos perdiendo el tiempo. No nos van a admitir como cuerpo en ningún partido. Yo me siento más cerca de la Falange que del Partido Socialista, porque soy católico y creo que mi misión está ahí”. (Cavallo, Ascanio; Serrano, Margarita; p. 69)
La frase resulta profundamente reveladora. Aylwin había llegado finalmente a la convicción de que el humanismo cristiano ofrecía el marco doctrinario más adecuado para compatibilizar sus inquietudes sociales, su compromiso democrático y su formación espiritual.
Poco después formalizó su ingreso mediante una carta dirigida a Enrique Gandásegui, presidente de la Falange Nacional de San Bernardo. Días más tarde, su solicitud fue aprobada.
La llegada de Aylwin a la Falange Nacional coincidió con un período de intensos debates internos respecto de la orientación doctrinaria y estratégica del movimiento. Durante el IV Congreso de la Falange, celebrado en abril de 1946, se habían enfrentado dos grandes líneas políticas: la denominada “línea popular”, encabezada por Bernardo Leighton, partidaria de una mayor cercanía con la izquierda y el movimiento sindical; y la línea defendida por Radomiro Tomic, que insistía en la independencia política de la Falange respecto tanto de la derecha como de la izquierda tradicional.
Por escaso margen, la línea política propuesta por Tomic venció en el Congreso. La moción ganadora ratificó los “Veinticuatro puntos” fundamentales de la Falange Nacional, y reafirmó la “confianza en una posición política fundamentalmente independiente, llevada adelante con preferencia para sus propias iniciativas, sin perjuicio de una actividad coincidente, articulada por la dirección y siempre acompañada por una clara explicación de nuestra posición” (Departamento de Cultura y Propaganda Falange Nacional. “4to Congreso 13-14 de abril, 1946”)
Aun cuando Aylwin se sintió crecientemente identificado con la tesis de la independencia y compartía la convicción de que el movimiento debía construir un “camino propio”, evitando convertirse en un simple apéndice de las fuerzas tradicionales, ello no significaba que considerara resueltos los problemas doctrinarios e institucionales de la Falange. Por el contrario, una de sus principales inquietudes radicaba precisamente en la falta de claridad ideológica que aún caracterizaba al movimiento.
La definición doctrinaria expresada en los llamados “Veinticuatro Puntos” representaba, ciertamente, un esfuerzo relevante por otorgar coherencia al ideario falangista y diferenciarlo tanto del conservadurismo tradicional como de las izquierdas marxistas. Sin embargo, en la práctica, esos principios seguían siendo interpretados de maneras muy diversas por sus militantes y dirigentes.
Aylwin observaba con preocupación esta situación. Consideraba que la independencia política solo podía sostenerse si el movimiento lograba dotarse de una identidad doctrinaria nítida, capaz de traducirse en disciplina, cohesión interna y una línea de acción consistente. De lo contrario, existía el riesgo de que la Falange terminara transformándose en una agrupación ambigua, vulnerable a divisiones internas y a alianzas circunstanciales que desdibujaran su proyecto histórico.
