ACUERDO NACIONAL PARA LA TRANSICIÓN A LA PLENA DEMOCRACIA
A 40 años del Acuerdo Nacional, la historia invita a no olvidar cuánto puede lograr el diálogo cuando hay voluntad de encuentro.
La voz de la Iglesia en medio de la crisis
En 1983, el empresario José Zabala comenzó a colaborar con el arzobispo de Santiago, Juan Francisco Fresno, con quien lo unía una larga amistad, en diversas tareas vinculadas al quehacer pastoral del prelado. Chile atravesaba entonces una situación crítica: la economía había entrado en una fase de aguda recesión, afectando a miles de ciudadanos y generando un creciente descontento social que se expresaba en protestas y paros, frecuentemente marcados por episodios de violencia.
A mediados de agosto, debilitado por primera vez en una década, el régimen militar decidió abrirse al diálogo con sectores de la oposición, delegando esta tarea en el ministro del Interior, Sergio Onofre Jarpa. Monseñor Fresno ofreció su casa como lugar de encuentro para una reunión entre el ministro y líderes opositores. Sin embargo, tras tres instancias de conversación, no se logró alcanzar un acuerdo.
El año siguiente, 1984, no presentó mayores diferencias en cuanto a la persistencia de la crisis económica ni a la continuidad de las manifestaciones violentas. Ante este escenario, el arzobispo concibió la idea de explorar caminos que permitieran contribuir al entendimiento entre las diversas tendencias políticas, fuertemente fragmentadas, con el propósito de generar un consenso que posibilitara la existencia de un interlocutor válido ante el gobierno del general Pinochet, en aras de una transición pacífica hacia la democracia.
Para ello, se conformó un equipo asesor integrado por Sergio Molina, Fernando Léniz y José Zabala —conocidos posteriormente como los “hombres del cardenal”—, el cual elaboró un plan de acción y definió una nómina de personas con quienes el arzobispo debía sostener conversaciones individuales y confidenciales. La lista incluía representantes de partidos políticos de izquierda, centro y derecha, así como empresarios, dirigentes sindicales, economistas, intelectuales, académicos y periodistas.