ACUERDO NACIONAL PARA LA TRANSICIÓN A LA PLENA DEMOCRACIA

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A 40 años del Acuerdo Nacional, la historia invita a no olvidar cuánto puede lograr el diálogo cuando hay voluntad de encuentro.

Un punto en suspenso

El 20 de agosto de 1985 se celebró la reunión en el Círculo Español. Asistieron Carlos Briones y Darío Pavez, por el socialismo; Luis Maira y Sergio Aguiló, por la Izquierda Cristiana; Patricio Aylwin y Gabriel Valdés, por la Democracia Cristiana; Pedro Correa y Patricio Phillips, por el Partido Nacional; Hugo Zepeda y Armando Jaramillo, por el Partido Liberal; y René Abeliuk junto a Mario Sharpe, por la Social Democracia. También concurrió un trinomio de la Unión Nacional, integrado por Francisco Bulnes, Andrés Allamand y Fernando Maturana, además de Enrique Silva Cimma y Luis Fernando Luengo, en representación del Partido Radical. Estaban presentes, asimismo, los tres “hombres del cardenal”. Se estimó que el grupo reunido representaba entre el 70% y el 80% del espectro político nacional.

Otro grupo —el Movimiento Democrático Popular, representante de una izquierda más radicalizada— se había dirigido al cardenal mediante una carta fechada el 21 de agosto, manifestando su malestar por haber sido excluido del proceso. El arzobispo respondió posteriormente, ya firmado el Acuerdo, sin ocultar las razones de dicha exclusión. Argumentó que la participación de los sectores más extremos “haría más difícil un consenso básico, el cual, una vez iniciado, podría hacerse más y más amplio…”.

En su respuesta, el cardenal añadió: “Les pido que, frente a la nueva realidad de hoy, renunciemos ahora —y no en un hipotético mañana— a los actos de violencia y terror que, aunque ustedes afirman odiar, realizan organizaciones que aparecen vinculadas a ustedes, con el pretexto de que son legítima respuesta al terror y a la violencia con que se les estaría atacando.”

La reunión en el Círculo Español comenzó con la lectura de una carta del cardenal haciendo ver la significación histórica del acto y la responsabilidad que tenían los asistentes de actuar en la búsqueda de un consenso básico de la civilidad de Chile a fin de estimular una reacción positiva del gobierno y de las Fuerzas Armadas, interlocutores indispensables en el diálogo para la reconciliación nacional.

Carta del cardenal a José Zabala, 19 de agosto de 1985

A continuación, se puso en «discusión general» el borrador que habían preparado “los hombres del Cardenal” (Zabala, Léniz y Molina), en conjunto con Edgardo Boeninger y Francisco Cumplido.

La aprobación «en general» fue unánime y solo se señaló la necesidad de pequeños ajustes. Luego se pasó a la «discusión particular», párrafo por párrafo, en que se fueron introduciendo modificaciones de detalle y un reordenamiento de los diversos
capítulos de la versión original.

El único tropiezo serio surgió al abordar el párrafo relativo a la libertad ideológica y a la sanción de conductas antidemocráticas. En el borrador original, dicho párrafo estaba redactado del siguiente modo:

«La estabilidad del sistema democrático que se establezca exige el compromiso solemne –que contraen todos los que firman este documento– de realizar la acción política del futuro dentro del marco de los principios institucionales y económico-sociales aquí señalados, para lo cual es necesario sancionar sin vacilaciones las conductas antidemocráticas; asegurar el orden público y combatir con firmeza toda forma de violencia y terrorismo, sin perjuicio de conciliar la necesaria eficacia con el resguardo de los derechos humanos y la legítima defensa. Mediante este compromiso solemne se garantiza la gobernabilidad del país en el proceso de transición a la democracia plena».

El asunto siguió pendiente hasta que la sesión terminó, acordándose entonces tener una nueva reunión el viernes 23 de agosto para intentar resolver el único punto que aún seguía sin solución.

Acta de reunión en el Círculo Español, 20 de agosto de 1985