ACUERDO NACIONAL PARA LA TRANSICIÓN A LA PLENA DEMOCRACIA
A 40 años del Acuerdo Nacional, la historia invita a no olvidar cuánto puede lograr el diálogo cuando hay voluntad de encuentro.
Humo blanco
El 23 de agosto tuvo lugar la segunda reunión en el Círculo Español. A ella se sumaron nuevas personas cuya incorporación fue considerada útil por los asistentes al primer encuentro. Se integraron Gastón Ureta, por el Partido Liberal; Ramón Silva Ulloa, del sector socialista popular (Usopo); y Sergio Navarrete junto a Germán Pérez, ambos miembros del denominado Partido Socialista “de Mandujano”.
Durante la sesión, el debate en torno al tema de las conductas antidemocráticas no permitió alcanzar una redacción que concitara consenso. Ante ello, se acordó formar una comisión encargada de intentar resolver el desacuerdo. Fueron designados como representantes: Andrés Allamand, por la derecha; Luis Maira, por la izquierda; Patricio Aylwin, por el centro; y, en calidad de facilitadores, Fernando Léniz, Sergio Molina y José Zabala.
La comisión se reunió al día siguiente, sábado 24 de agosto, en la casa de Fernando Léniz. Tras elaborar más de treinta borradores, acordaron finalmente el siguiente texto:
«La Constitución Política garantizará la libre expresión de las ideas y la organización de partidos políticos. Los partidos, movimiento o agrupaciones cuyos objetivos, actos o conductas no respeten la renovación periódica de los gobernantes por voluntad popular, la alternancia en el poder, los Derechos Humanos, la vigencia del principio de legalidad, el rechazo a la violencia, los derechos de las minorías y los demás principios del régimen democrático definidos en la Constitución, serán declarados inconstitucionales. Esta calificación corresponderá al Tribunal Constitucional.»
Al día siguiente —domingo 25 de agosto— todos volvieron a reunirse en el Círculo Español. El texto consensuado fue aceptado de manera rápida y unánime, tras lo cual se procedió a la lectura final del documento completo, al que se dio por título: “Acuerdo Nacional para la Transición a la Plena Democracia”.
Luis Maira, junto a Sergio Aguiló, fueron los únicos que no firmaron ya que, pese a estar de acuerdo con el documento, dijeron que no podían comprometerse sin consultar a «sus bases». Sí firmaron la carta mediante la cual se hizo llegar el Acuerdo al cardenal.
Quienes esa noche salieron del Círculo Español compartían la convicción de haber logrado establecer un “rayado de cancha” que las diversas corrientes políticas se comprometerían a respetar en el proceso hacia la futura democracia. Algunos buscarían jugar más a la izquierda, otros al centro y otros a la derecha, pero todos dentro de los límites pactados.