ACUERDO NACIONAL PARA LA TRANSICIÓN A LA PLENA DEMOCRACIA
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A 40 años del Acuerdo Nacional, la historia invita a no olvidar cuánto puede lograr el diálogo cuando hay voluntad de encuentro.
Reunión en La Moneda
El 23 de diciembre de 1985, el cardenal Fresno se reunió en La Moneda con el general Pinochet. La entrevista comenzó puntualmente y en un ambiente inicialmente cordial ante la presencia de la prensa. Ya a solas, el prelado manifestó su interés en aclarar los malentendidos entre la Iglesia y el gobierno. Pinochet lo negó, sosteniendo que la hostilidad e injerencia de la Iglesia eran evidentes, y citó como ejemplo el tenso Te Deum del 18 de septiembre. Fresno replicó que muchas de las tensiones respondían a malas interpretaciones y a decisiones políticas recientes adoptadas por el propio gobierno.
El encuentro se tornó cada vez más áspero, con Pinochet acusando al cardenal de actuar como figura política y de respaldar el Acuerdo Nacional, documento que el régimen rechazaba frontalmente. Fresno defendió la iniciativa y la participación de dirigentes políticos en su elaboración, subrayando que su motivación era pastoral frente a la creciente polarización social. Aclaró que no buscaba protagonismo político, sino contribuir a la generación de un clima de diálogo nacional. Pinochet reiteró al arzobispo que no dialogaría con los firmantes del Acuerdo y le exigió limitarse a lo religioso y social, insistiendo en que el campo político era una prerrogativa exclusiva del presidente. Textualmente le dijo al cardenal: “¡El Acuerdo se acabó! No lo acepto”.
Al final de la conversación, la tensión persistía, especialmente al abordarse la situación de pobreza en el país. Fresno contradijo abiertamente a Pinochet, afirmando que existían hambre y miseria evidentes, afirmación que el mandatario relativizó. El cardenal advirtió sobre el riesgo de una creciente radicalización entre quienes se sentían excluidos, e insistió en la necesidad de una mayor apertura al diálogo con los actores políticos.
Pese al clima conflictivo, la reunión concluyó con gestos protocolares de cortesía: ambos se abrazaron, intercambiaron saludos navideños y, ante la prensa, Fresno entregó una declaración escueta, cuidadosamente formulada para no agravar el conflicto.
Notas de la entrevista con el general Pinochet, 23 de diciembre de 1985
El cardenal había acudido a la entrevista con una carta de su autoría dirigida al general Pinochet. Sin embargo, este la desestimó, argumentando que, en relación con el Acuerdo, “lo mejor era dar vuelta la página”.
En esa carta —que el general nunca llegó a leer—, monseñor Fresno expresaba al presidente su profunda preocupación por el clima de descalificación y división que atravesaba el país. Señalaba que había impulsado un diálogo entre sectores de distinta ideología, el cual había dado origen a un documento con aportes valiosos. Lamentaba que, en lugar de valorarlo, dicho esfuerzo fuera públicamente deslegitimado, contribuyendo así a profundizar el distanciamiento. Por ello, solicitaba al presidente tener el gesto histórico de instruir a las autoridades de su gobierno para entablar un diálogo con los firmantes del texto, convencido de que ello permitiría frenar una creciente irracionalidad con consecuencias graves. Finalmente, reafirmaba su plena disposición a colaborar en todo aquello que favoreciera la reconciliación nacional, en cumplimiento de su misión pastoral y del mandato del Papa Juan Pablo II.
Carta del cardenal Fresno al presidente Pinochet, 23 de diciembre de 1985
Junto con esta carta que no fue conocida públicamente, el cardenal escribió una declaración tras su entrevista con el general Pinochet, pero finalmente decidió no entregarla a los medios. En ella afirmaba que, movido por la urgencia de superar el ambiente de distanciamiento y violencia en Chile, había solicitado una entrevista con el presidente Pinochet con el propósito de proponerle un gesto histórico: instruir a sus autoridades para invitar al diálogo a los firmantes del Acuerdo Nacional. Convencido de que ese encuentro permitiría encontrar fórmulas para evitar una peligrosa irracionalidad, lamentaba profundamente que el presidente descalificara su rol pastoral, calificándolo de político, así como también despreciara a quienes participaron del Acuerdo y el valor mismo del documento. Frente a esta decepción, el cardenal reafirmaba su llamado a evitar un enfrentamiento sin sentido, e instaba al gobierno a reflexionar sobre la trascendencia de sus decisiones, apelando a la voluntad de las grandes mayorías que rechazan tanto el extremismo como el inmovilismo, y pidiendo mantener viva la esperanza en un camino pacífico para el país.
La entrevista entre el cardenal Fresno y el general Pinochet dejó en evidencia que la visión del mandatario sobre los políticos y la Iglesia hacía muy improbable —por no decir imposible— la construcción del anhelado puente hacia un diálogo constructivo. Asimismo, quedó claro que el bloqueo de ese diálogo formaba parte de una estrategia deliberada del general, quien apostaba a que la impaciencia terminaría por generar divisiones y tensiones entre los propios firmantes del Acuerdo.
La intransigencia del régimen —personificada en la figura del general Pinochet— hizo naufragar la posibilidad de que este gesto cívico se convirtiera en el inicio de un proceso de apertura real. El rechazo explícito al Acuerdo, así como la desconfianza hacia los partidos políticos y la jerarquía eclesiástica, revelaron que el poder no estaba dispuesto a ceder espacio ni a compartir la conducción del país.
