ACUERDO NACIONAL PARA LA TRANSICIÓN A LA PLENA DEMOCRACIA
A 40 años del Acuerdo Nacional, la historia invita a no olvidar cuánto puede lograr el diálogo cuando hay voluntad de encuentro.
Conversaciones que no se olvidan
El 25 de julio, el cardenal Fresno se reunió en privado con Jaime Guzmán, fundador de la Unión Demócrata Independiente y asesor clave del general Pinochet, para informarle sobre los acuerdos alcanzados en Calera de Tango y exponerle los objetivos que buscaba impulsar. A juicio del arzobispo, Guzmán no mostró entusiasmo por la iniciativa, adoptando una actitud escéptica respecto de la posibilidad de lograr un entendimiento entre los distintos sectores políticos.
Dos días después, el 27 de julio, Fresno sostuvo una reunión con William Thayer, ex democratacristiano que había adherido a la dictadura. Era “uno de los pocos chilenos que cree que Pinochet no quiere seguir en la Presidencia después de 1989”.
Por esos días, Sergio Molina sostuvo discretas reuniones con representantes de la extrema izquierda —particularmente del Movimiento Democrático Popular y del Partido Comunista— con el propósito de disuadirlos de persistir en su estrategia de confrontación violenta. Les advirtió, además, que insistir en participar directamente en las conversaciones o descalificar a quienes las impulsaban podía poner en riesgo el acuerdo que se intentaba construir.
A sugerencia del socialista Carlos Briones, el 7 de agosto Zabala se entrevistó con Luis Maira, coordinador de la Izquierda Cristiana.
Entre el 8 y el 12 de agosto hubo una serie de reuniones para fijar procedimientos e intercambiar opiniones. A una asistieron Gabriel Valdés, Raúl Troncoso, Pedro Correa y Patricio Phillips; a otra, Francisco Bulnes; a la tercera, Enrique Silva Cimma; a la cuarta, Andrés Allamand; a la quinta, Luis Bossay —ya muy enfermo— y René Abeliuk; a la sexta y última, Carlos Briones, Darío Pavez, Luis Maira y Sergio Bitar.
Se aprobó la inconsulta decisión de incluir a Maira en el grupo, así como la idea de someter el borrador que estaba preparando la comisión al análisis de una reunión conjunta que se efectuaría el 20 de agosto de 1985. También se acordó que cada uno de los invitados a Calera de Tango asistiera a la nueva reunión acompañado de otro miembro de su partido, de manera que pudiera consultar y compartir las decisiones que ahí se tomaran.